
A nivel mundial, asistimos a un proceso de transición denominado Globalismo Neoliberal, este contiene una forma de acumulación y de legitimación. Estar en transición implica direccionarnos hacia una nueva forma de acumulación y un nuevo sistema de creencia social. La transición implica incertidumbre, crisis, conflictos, luchas de clases, destrucción, guerras, frustraciones. Podemos observar en esa disputa al modelo chino, al imperio yanqui y la estrategia de Trump, a Rusia como un actor geopolítico y sin un protagonismo descollante al regionalismo europeo. Tres grandes potencias, explican el nuevo reacomodamiento de fuerzas y los conflictos a nivel mundial. El Imperio yanqui como potencia financiera, China como potencia comercial y Rusia como potencia militar. La guerra en Ucrania, el genocidio en gaza por parte del sionismo y el reciente conflicto contra Irán se explican en el marco de esa disputa por el control geopolítico mundial. En Argentina, no estamos centralmente ante una crisis de representación, sino seria solo un asunto de dirigentes, estamos ante algo más profundo. Estamos ante una crisis del orden social, de la democracia liberal y su modelo económico. Y eso se resuelve construyendo otro sistema de creencias, otras formas de organización del poder, otra institucionalidad, otro modelo de país distinto a las experiencias anteriores y presentes. Esta crisis de creencia política, moral y social, se expresa en forma cotidiana de manera abrumadora. Ya nadie cree en nada, ni en nadie. Se normalizo actuar por obligación, no por convicción. Es todo por interés y acatamiento, donde no hay conducción, hay patrones cuidando su nicho de mercado o dispositivo de poder. Donde quien te financia, te pone la línea política, entonces no estas en el plano de la política sino del mercado. El liderazgo, la conducción, las convicciones, la política, la transformación y el amor a la patria transcurren por otro lado. Como militantes tenemos que hacer evaluación y balance de estos últimos 42 años de democracia liberal. Es importante este análisis, ya que este tipo de democracia de ricos para ricos, nos trajo a Milei. La finalidad de muchos actores políticos es ganar elecciones, repartirse los casilleros del estado, lograr centralidad para luego vender el espacio por puestos y recursos. Es la renuncia a una salida revolucionaria. Lo único que queda parece ser es disputar algo de poder en esta democracia liberal. Esa es la lógica de construcción imperante de esta democracia liberal. Sino cambiamos lo que se viene haciendo, vamos a cometer los mismos errores del pasado. Si queremos cambiar, transformar la injusticia, debemos prepararnos para confrontar. Prepararnos para la confrontación colectiva, no hay nada más hermoso que eso, que construir los cimientos desde donde ir hacia grandes objetivos. Muchos creen que se transforma desde la gestión. Esto nos lleva a preguntarnos por la transformación. ¿Qué es lo que hay que transformar y desde dónde?, ¿de qué manera? Lo que hay que transformar es el orden social, las estructuras económicas, la injusticia y pobreza estructural, las instituciones, donde reside el poder. Gestionando no se transforma el orden social, las estructuras, la injusticia. Se administra la miseria. Entregan 200 casas, cuando se necesitan 4 millones. No hay que ir a actos a aplaudir esas cosas, hay que proponer o exigir un plan quinquenal. Si destruís al pueblo, no deberías poder caminar por la calle Están en una Ofensiva, cuyo objetivo es destruir al pueblo argentino. Destruir el estado, destruir los ingresos de la población, destruir el consumo, destruir la salud pública, destruir la educación pública, destruir el sistema científico, destruir el sistema universitario y saquear los recursos naturales. Si la derecha, nos robó la palabra cambio, se debe a que antes bastardiamos, degradamos, la palabra transformación. Si la ultraderecha, nos robó la palabra casta, es por antes bastardiar la palabra igualdad. Si el enemigo impuso la libertad, éxito y felicidad individual, es por antes no haber construido poder en lo comunitario. La apolítica, no la generan aquellos que rechazan la política, que combaten la política como medio de transformación. La apolítica la generan aquellos que la promueven como herramienta de transformación y no transforman, generando falsas expectativas que luego terminan en frustración. La política tradicional o progresista, no es una herramienta de transformación, sino de administración y gestión de la desigualdad. El sistema político, es el verdadero gerente de la pobreza estructural, donde los distintos dispositivos de poder se 3 disputan el botín del estado, el cual administran unos pocos. Una verdadera casta que se opone a democratizar el poder. Hace décadas, que el sistema político piensa a los sectores populares como sujetos de la prebenda, por eso los inmensos galpones. No lo piensan como sujetos de la transformación, sino a sus cuadros los destinarían al territorio y no al estado municipal, provincial o nacional. En síntesis, al estado administrador de la miseria y decadencia. En el marco de esta democracia liberal, el denominado poder popular y la lógica liberal, no están separados, implican una misma realidad. La transformación del orden social tiene que ser una política, una propuesta política, un objetivo político. Hay que construir una nueva salida histórica, una propuesta épica además de programática. Evita nos hablaba de revolución. La revolución es lo que falta, es nuestro horizonte, la revolución no es un concepto agotado históricamente. Lo que se agoto es un modelo de revolución, una forma. No será vía insurrección armada, sino vía Ofensiva Popular como emos de realizarla para vivir en una Patria justa, libre, soberana.
OFENSIVA DEL ENEMIGO Y PROCESO POLITICO-HISTORICO
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